L’immagine presenta un gioco di sguardi sovrapposti. Sullo sfondo, i bambini esprimono tutto ciò che ha a che fare con la nostra missione calasanziana: gli ultimi tra gli ultimi, i più piccoli tra i più piccoli. Questo è il nostro contesto e questa è la nostra sfida come istituzione.

Inoltre, il gesto dei bambini nei diversi striscioni è un inno alla tenerezza, alla spontaneità e alla quotidianità e aggiunge un tocco di disinvoltura alle presentazioni, anche perché i bambini, soprattutto quelli con cui lavoriamo, sono così.

Lo sguardo di uno dei bambini si sovrappone a quello di un/una giovane, in un evidente gioco di sguardi sovrapposti. Il gioco ha un doppio significato. Da un lato evoca il bisogno di “farsi” piccolli, di guardare con occhi di bambino (“Se non vi convertirete e non diventerete come i bambini, non entrerete nel regno dei cieli.“, Mt 18,3).  Dall’altro, l’incrocio degli sguardi significa mettersi “al posto di” per, a partire da qui, compromettersi con l’infanzia. Perché è nel contatto con i bambini, nello sviluppo della vocazione, che il Signore va sedimentando la nostra fede.

Non è uno sguardo condiscendente, statico, ma piuttosto uno sguardo che si sovrappone, che si mette “al posto dell’altro”, e che chiama pertanto alla Missione. Uno sguardo che ci chiama al movimento, che ci invita alla conversione attraverso i piccoli. È il “sì” che cambia tutto e che nasce dall’esempio di ogni calasanziana/no e dall’esperienza di vivere e accompagnare i  piccoli tra i piccoli.

La imagen plantea un juego de miradas superpuestas. Al fondo, los pequeños, refleja todo aquello que tiene que ver con la misión, los últimos entre los últimos, los más pequeños entre los más pequeños. Este es nuestro contexto y nuestro reto como institución.

Además, el gesto de los niños en los diferentes banners es un canto a la ternura, a la espontaneidad y a lo cotidiano y añade un toque desenfadado a las composiciones, sea también porque los pequeños, en especial con los que trabajamos, son así.

Sobre la mirada de uno de los niños se superpone la de un/una joven, en un juego evidente de miradas superpuestas. El juego tiene un doble sentido. Por un lado, evoca la necesidad de “hacernos” niños, de mirar con los ojos de un niño (“Si no os habéis como niños no entraréis en el reino de los cielos”, Mt 18, 3). Por otro, el cruce de miradas quiere significar ponerse “en lugar de” para, a partir de ahí, comprometerse con la infancia. Porque es en el contacto con los niños/as, en el desarrollo de la vocación, donde el Señor va sedimentando nuestra fe. No se trata de una mirada condescendiente, estática, sino que es una mirada que se superpone, que se pone “en lugar del otro”, y que llama por lo tanto a la Misión. Una mirada que llama a movernos, que nos invita a la conversión a través de los pequeños. Es el Sí” que cambia todo y que surge del ejemplo de toda/o calasanziana/no y de la experiencia de vivir y acompañar a los pequeños entre los pequeños.

Preghiera Vocazionale Calasanziana

 

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